En el sur de la provincia de Córdoba, cerca de General Levalle, existe una obra de arte viva que solo puede apreciarse en toda su magnitud desde el cielo. Se trata de "La Guitarra", un bosque compuesto por más de 7.000 árboles que dibujan la silueta perfecta de este instrumento a lo largo de un kilómetro.
Un sueño que nació del amor y la pérdida
Detrás de esta maravilla no hubo un estudio de paisajismo, sino una promesa. Graciela Yraizoz, esposa del productor agropecuario Pedro Martín Ureta, soñaba con diseñar su campo con la forma de su instrumento favorito. Tras su repentino fallecimiento en 1977, a los 25 años, Pedro decidió que la mejor forma de honrarla era hacer realidad aquel deseo.
La ingeniería de la naturaleza
Plantear este diseño no fue tarea sencilla. Pedro y sus hijos comenzaron la plantación en 1979, utilizando dos tipos de árboles para crear el contraste visual que hoy vemos incluso en imágenes satelitales:
Cipreses californianos: Para marcar el contorno oscuro de la caja y el "agujero" central en forma de estrella.
Eucaliptos medicinales: Dispuestos en líneas rectas para representar las cuerdas de la guitarra, aportando un tono azulado distintivo.
Un regalo para el mundo (que su creador nunca vio)
Lo más conmovedor de esta historia es que Pedro Martín Ureta nunca vio su obra desde el aire debido a su profundo temor a volar. Se conformó con saber que estaba allí, creciendo año tras año, como un recordatorio eterno de su amor por Graciela.
Hoy, la Estancia La Guitarra es un símbolo de la pampa argentina y un punto de referencia para pilotos y viajeros que cruzan el cielo cordobés. Una prueba de que, cuando el amor se planta profundamente, sigue creciendo mucho después de que el corazón se rompe.


Por los Senderosde Argentina